Carta Abierta al Capitán General

Isabel Lipthay

 

Escribo esta carta en sus aciagos días desde Alemania, donde vivo hace 18 años por causa suya. Para que nadie diga que el General no tiene quien le escriba.

 

La verdad, hace 28 años mi vida gira -como la de miles de chilenos- en torno a la suya.

 

Estoy sentada en un café. Nadie habla mi lengua. Es crudo invierno acá, mientras usted disfruta del verano en su arresto domiciliario. Tanto miedo le tuve, Capitán General. A usted y a los suyos. A tantos torturó, mató, desapareció, encarceló, exilió, dejó para siempre la incertidumbre de no saber dónde están esos cuerpos queridos para enterrarlos, ir a dejarles flores, como se suele hacer con los muertos en tiempos de paz.

 

Usted dio las órdenes del horror. Sus hombres, convencidos o no, acataron su mandato. Soplaron vientos de miedo y desconfianza, vientos de la más bestial violencia, vientos de olvido sobre los más jovenes, vientos de enriquecimiento, desinformación, explotación.

 

Ya ve usted. A pesar de todo, no nos callaron. Seguimos aquí, con el dedo acusador apuntándolo a usted, a los suyos, en esta hora.

 

Hubiera esperado que a la hora de su aprensión, que comenzó en octubre del 98 en Londres, hubiera dado usted señales de consecuencia. Una pizca de dignidad, digamos. Pero ya entendimos que usted por dignidad entiende el hecho de caminar muy derecho. Porque después de su último truco -hasta ahora- de venerable anciano enfermito liberado por eso en Londres y devuelto a Chile, vuelto a caminar tieso y rozagante en el aeropuerto de Santiago, pensé que en algún momento declararía -como su ex colega dictador Botha en Sudáfrica, a la hora de su juicio- : "no me arrepiento de nada". Una pizca de dignidad esperaba, lo confieso.

 

Tanto miedo de esta piltrafa humana, esta figura patética, este nuevo puñado de cobardía acusando a sus subalternos, después de sus declaraciones en pleno poder de que "ninguna hoja se mueve sin que yo lo sepa". El que provoca repudio ante la "humillación" que le significa untarse los dedos con tinta y tomarse un par de fotos de frente y de perfil...

 

Si usted hubiera tratado así a sus prisioneros, Capitán General, yo no estaría lejos de mi tierra y usted podría ir esta tarde a comprar cigarrillos a la esquina. Porque a pesar de todo, Capitán General, ni siquiera la hija del presidente Allende -traicionado por usted- le desea una celda, ni nadie habla de colgarlo de los pies, ponerle corriente en los testículos, enterrarle las canas y el rostro en hediondeces fecales, violarlo con un perro, ponerle ratas en el ano, privarlo de luz, agua o alimento, simular su fusilamiento, sacarle los ojos, abrirle -vivo- el vientre con un corvo y lanzarlo así al mar. Como fue su costumbre infinidad de veces.

 

Nadie, que yo sepa. Ni siquiera Raúl, que busca a su padre en el desierto. Ni Myriam, que le acuchillaron a su marido por la espalda. Ni Gloria, que le desaparecieron tíos, hermanos y el padre. Ellos viven en Alemania, en tantos lugares, muertos y desaparecidos a cuestas, en medio de la cuchara, el cepillo de dientes, los hijos, el orgasmo, la calle. Tristes para siempre.

 

Llega su hora, Capitán General. Dos juicios lo esperan. Uno en la tierra y el otro, ya sabe dónde.

 

Usted que siempre fue tan macho, sea valiente una vez en su vida. Es su oportunidad. No esperamos que pida perdón. Sabemos demasiado bien que no lo hará. Pero sea honesto y diga al menos: "no me arrepiento de nada, asumo las consecuencias, yo di las órdenes", para que hasta sus propias FFAA laven su rostro dando respuesta al sufrimiento de tantos chilenos que siguen buscando a los suyos. Para que nuestros mares y ríos se liberen de tanta sangre. Para que los victimarios, al hablar, puedan terminar con sus noches insomnes. Para que comience a cerrarse esta herida que atraviesa nuestra historia y geografía ya tantas décadas. Para que sus enemigos, Capitán General, lo despidan con cierto respeto, llegada su hora. Y para que usted no muera con los dientes apretados, maldiciendo.

 

Münster, 6 de febrero de 2001

 

Publicada en "Draußen" (3/01), "nrw-taz-münster" (22.01.2001), "Graswurzelrevolution" (März 2001)

 

traducción al alemán