Schwenke & Nilo

El público nos quiere

(30 años de Schwenke-Nilo)

Isabel Lipthay

 

A 30 años de entonces, sentada en un café de Münster, Alemania, donde me lanzó la dictadura chilena el año 83, recuerdo aquellos días.

 

Regreso al repleto Teatro Caupolicán de aquel noviembre del 79, al magnífico Tercer Festival del Cantar Universitario de la ACU. Miles de estudiantes tiemblan por la represión que espera afuera y vibran eufóricos por la alegría creativa ganada aquí dentro, este increíble espacio conquistado después de años de constante y peligrosa lucha estudiantil.

 

Pasan cantando grupos y solistas. De pronto entran dos chicos de la UACH de Valdivia, y entre chistes desenfadados comienzan a interpretar "El viaje". Silencio profundo en el Caupolicán. Esa larga letanía poética describe el Chile oscuro, amordazado, miserable, asfixiante de entonces, y cada palabra es una filigrana que se entrelaza en esa queja, ese darle permiso a la tristeza colectiva, sin consignas políticas. Ovación cerrada de miles de manos.

 

El hasta ese día desconocido para Santiago Dúo Schwenke-Nilo interpreta otra canción: "Yo soy feliz". El cínico negro humor schwenkiano caricaturiza a los privilegiados del país, casi un foxtrot yanqui que echa de menos un banjo, invitando al baile. Nueva ovación.

 

Voy a saludarlos y escribo sobre ellos para HOY y Radio Chilena. Nelson Schwenke y Marcelo Nilo regresan a Valdivia desde donde me invitan a su recital de noviembre y al año siguiente, a la "Elegía por la Muerte del Chancho".

 

Yo, también sureña, me dejo llevar por el lenguaje empapado del paisaje y la lluvia del sur. La poesía desgarrada de Clemente Riedemann, que viene regresando del infierno. Las pinturas emblemáticas de Galo Arroyo y su violín. Los poetas Sergio Mansilla y Hans Schuster, los cronopios Gladys, Juri, Raimundo, Pilar, Pedro, Mama Aury, Moyra y otros. La cocina a leña y la huerta de Collico, el río Calle Calle, hablando, comiendo, cantando, caminando día y noche como una marea, todos juntos.

 

Así llegaron más tarde a Santiago los Schwenke-Nilo y amigos, en desorden y en patota. En mi pieza tras el rojo castillo de Antonia Lope de Bello, se llenó el suelo de sacos de dormir y la cocinita con ventana en el techo vivió una gloriosa producción de inacabables fideos.

 

Como periodista cultural de oposición me fue fácil conectarlos con Ricardo García de Alerce, Miguel Davagnino de "Nuestro Canto", La Bicicleta con Eduardo Yentzen y Alvaro Godoy -con quienes compartimos la caótica y bella comunidad de Infante, junto a Dióscoro Rojas y Olga Valderrama, nuestra casa abierta a cantores y poetas como Schwenke y Nilo, o Rodrigo Lira poco antes de despedirse de la vida en la tina de baño...

 

Santiago recibió jubiloso a Schwenke-Nilo y sus amigos, jubiloso por este nuevo desenfadado lenguaje, entre este Canto Nuevo que levantaba su voz entre los escombros del miedo, con Santiago del Nuevo Extremo, Eduardo Peralta, Hugo Moraga, Ortiga, Barroco Andino, Huampara, Aquelarre, Antara, Huara... Esta ola que se movía entre la Peña Doña Javiera de Nano Acevedo y Capri, a quienes les clausuraban el local "por los baños". En la Casona de San Isidro del Dióscoro, los magníficos festivales de música y teatro de la ACU, el Taller 666, en poblaciones y fábricas. La revista Ciruela de la ACU, con Juancho, Alejandro y otros. El puñado de periodistas que arriesgábamos el pellejo ante la censura de la dictadura por llamar los horrores y milagros por su nombre. Y tantos otros.

 

En la "Elegía por la Muerte del Chancho", Schwenke y Nilo usaron el lenguaje sureño y campesino para referirse al Capitán General y sus secuaces. Por entonces, las metáforas de Schwenke y Riedemann mandaron al presidente a Coyhaique y los muertos pasaron flotando hacia el mar, como una pintura por donde las verdades brutas aparecen difusamente pintadas en el fondo del cuadro.

 

Y la risa. La risa como bálsamo, mientras van cambiando los tiempos, regresa lentamente eso que llamamos democracia y el Capitán General yace impune bajo tierra como tantos otros impunes.

 

Schwenke reconoce que después de resucitar dos veces y 30 años cantando, los últimos cinco años son los mejores. "El público nos quiere", dice. ¿No los quisieron siempre, acaso, por iluminar los años oscuros con canto poético, esperanza y risa?

 

Münster, Alemania, octubre 2009.

 

(publicado en: "Schwenke & Nilo: Leyenda del Sur", Rodrigo Pincheira Albrecht, pág. 109, ediciones Nuevos Territorios, junio 2010)