Qué podemos hacer acerca del terrorismo?

Robert M. Bowman

 

Hace unos cuantos años, terroristas destruyeron dos embajadas estadounidenses. El Presidente Clinton efectuó represalias contra presuntas instalaciones de Osama Bin Laden. En su discurso televisivo, el Presidente dijo al pueblo estadounidense que éramos blancos del terrorismo porque representábamos la democracia, la libertad y los derechos humanos en el mundo.

 

En esa ocasión, escribí:

 

Diga la verdad al pueblo, señor Presidente ..., acerca del terrorismo, no acerca de la pobre de Mónica. Si sus mentiras en torno al terrorismo no son denunciadas, entonces la guerra terrorista que ha desatado continuará probablemente hasta que nos destruya.

 

La amenaza del terrorismo nuclear nos está rondando. El terrorismo químico se encuentra al alcance de la mano y el terrorismo biológico es un peligro futuro. Ninguna de nuestras miles de armas nucleares puede protegernos de estas amenazas. Estos ídolos de plutonio, titanio y acero son impotentes. La adoración que hemos tenido por ellos a lo largo de más de cinco décadas no nos ha traído seguridad, sino sólo un peligro mayor. Ningún sistema de 'Guerra de las Galaxias' ... por más técnicamente avanzado que sea, por más billones de dólares que le hayan sido inyectados ... nos puede proteger de tan sólo una bomba terrorista. Ninguna arma de nuestro extenso arsenal puede ampararnos de una arma nuclear colocada en un velero o una avioneta Piper Cub o una maleta o un camión de mudanza rentado. Ningún centavo de los 273 mil millones de dólares que gastamos anualmente en lo que llamamos defensa puede en realidad defendernos contra una bomba terrorista. Nada en nuestro enorme establishment militar puede en realidad darnos una pizca de seguridad. Eso es un hecho militar.

 

Señor Presidente, no le dijo la verdad al pueblo estadounidense acerca de la razón por la cual somos blanco del terrorismo. Dijo que éramos blanco porque representamos la democracia, la libertad y los derechos humanos en el mundo. ¡Mentiras! Somos blanco de los terroristas porque representamos la dictadura, la esclavitud y la explotación humana en el mundo. Somos blanco de los terroristas porque somos odiados. Y somos odiados porque nuestro Gobierno ha hecho cosas odiosas.

 

¿En cuántos países hemos derrocado a líderes electos popularmente y los hemos sustituido por dictadores militares títeres, quienes estaban dispuestos a vender a su propio pueblo a las corporaciones multinacionales estadounidenses? "Lo hicimos en Irán cuando depusimos a Mossadegh porque quería nacionalizar la industria petrolera. Lo sustituimos con el Sha, y entrenamos, armamos y pagamos su odiada guardia nacional Savak, que esclavizó y brutalizó al pueblo iraní. Todo ello con el fin de proteger los intereses financieros de nuestras compañías petroleras. ¿Acaso es sorprendente que haya personas en Irán que nos odien? "Lo hicimos en Chile cuando depusimos a Allende, electo de forma democrática por el pueblo para introducir el socialismo. Lo sustituimos con el General Pinochet, brutal dictador militar de ala derecha. Chile aún no se ha recuperado.

 

Lo hicimos en Vietnam cuando impedimos elecciones democráticas en el sur que hubieran unido el país bajo la batuta de Ho Chi Minh. Lo sustituimos con una serie de ineficientes títeres estafadores quienes nos invitaron a entrar y asesinar a su pueblo, y lo hicimos. (Volé en 101 misiones de combate en esa guerra a la cual adecuadamente se opuso.) "Lo hicimos en Iraq, donde matamos a 250 mil civiles en un intento fallido por derrocar a Saddam Hussein, y donde hemos matado a un millón de personas desde entonces con nuestras sanciones. Cerca de la mitad de estas víctimas inocentes han sido niños menores de cinco años de edad.

 

Y, claro está, ¿cuántas veces lo hemos hecho en Nicaragua y todas las demás repúblicas tercermundistas de Latinoamérica? Una y otra vez hemos expulsado a líderes populares quienes querían que las riquezas de la tierra fueran compartidas por la gente que trabajaba en ella. Los sustituimos con tiranos asesinos que vendieron y controlaron a su propio pueblo con el fin de que la prosperidad de la tierra pudiera ser explotada por las compañías Domingo Sugar, United Fruit Company, Folgers y Chiquita Banana.

 

En un país tras otro, nuestro Gobierno ha obstruido la democracia, ahogado la libertad y pisoteado los derechos humanos. Esa es la razón por la cual somos odiados alrededor del mundo. Y es la razón por la cual somos blanco de los terroristas.

 

Los canadienses gozan de una mejor democracia, mayor libertad y de mejores derechos humanos que nosotros. Los noruegos y los suecos también. ¿Acaso ha oído hablar de bombardeos a embajadas canadienses? ¿O a embajadas noruegas? ¿O a embajadas suecas? No.

 

No somos odiados porque pongamos en práctica la democracia, la libertad y los derechos humanos. Somos odiados porque nuestro Gobierno niega estas cosas a los habitantes de los países del Tercer Mundo cuyos recursos son codiciados por nuestras corporaciones multinacionales. Y ese odio que hemos sembrado ha regresado para perseguirnos bajo la forma del terrorismo y, en el futuro, del terrorismo nuclear.

 

Una vez que se entiende la verdad acerca de la razón por la que existe la amenaza, la solución se vuelve obvia. Debemos cambiar nuestros métodos de Gobierno.

 

En lugar de mandar a nuestros hijos e hijas alrededor del mundo a matar árabes con el fin de que las compañías petroleras puedan vender el crudo bajo su arena, debemos mandarlos a reconstruir su infraestructura, suministrar agua limpia y alimentar a los niños hambrientos.

 

En lugar de seguir matando a miles de niños iraquíes cada día con nuestras sanciones, debemos ayudarles a reconstruir sus plantas eléctricas, sus instalaciones de tratamiento de agua, sus hospitales, todas las cosas que destruimos en nuestra guerra contra ellos y que nuestras sanciones les impidieron reconstruir.

 

En lugar de buscar ser un mandamás, debemos convertirnos en miembro responsable de la familia de naciones. En lugar de colocar a cientos de miles de soldados alrededor del mundo para proteger los intereses financieros de nuestras corporaciones multinacionales, debemos traerlos de regreso a casa y ampliar el Cuerpo de Paz.

 

En lugar de capacitar a terroristas y escuadrones de la muerte en técnicas de tortura y asesinato, debemos cerrar la Escuela de las Américas (cualquiera que sea el nombre que se use). En lugar de apoyar a las dictaduras militares, debemos apoyar a la verdadera democracia, el derecho del pueblo a escoger sus propios líderes. En lugar de apoyar la insurrección, la desestabilización, el asesinato y el terror alrededor del mundo, debemos abolir la CIA y donar el dinero a organismos de ayuda.

 

En resumen, hacer el bien en lugar del mal. Convertirnos en los buenos, nuevamente. La amenaza del terrorismo desaparecería. Esa es la verdad, señor Presidente. Eso es lo que los estadounidenses necesitan oír. Somos buenas personas. Sólo necesitamos que nos digan la verdad y que nos den la visión. Lo puede hacer, señor Presidente. Detenga las matanzas. Deje de justificarse. Detenga las represalias. Dé un lugar preponderante a la gente. Dígale la verdad." Sobra decir que no lo hizo ... y tampoco lo ha hecho George W. Bush. Pues bien, las semillas que nuestras políticas han sembrado han producido su amargo fruto. El World Trade Center ha desaparecido. El Pentágono está dañado. Y miles de estadounidenses han muerto. Casi todos los expertos de la televisión están pidiendo a gritos una represalia militar masiva contra quienquiera que pueda haber hecho esto (presuntamente el mismo Osama Bin Laden) y contra quienquiera que proteja o ayude a los terroristas (principalmente el Gobierno talibán de Afganistán). Steve Dunleavy, del diario New York Post, vocifera: "¡Maten a los desgraciados! Entrenen a asesinos, contraten a mercenarios, ofrezcan un par de millones de dólares a los cazarrecompensas para que los atrapen muertos o vivos, preferentemente muertos. En cuanto a las ciudades o los países anfitriones de estos gusanos, bombardeen hasta sus canchas de básquetbol." Es tentador estar de acuerdo, pero la represalia no ha resuelto el problema en el pasado, y no lo hará esta vez.

 

El mejor aparato antiterrorista del mundo es, con creces, el de Israel. Medido en términos militares, ha sido fenomenalmente exitoso. No obstante, Israel sigue siendo el blanco principal de los terroristas y sufre más ataques que todas las demás naciones combinadas. Si la represalia fuera eficiente, los israelíes serían el pueblo más seguro del mundo.

 

Sólo una cosa ha puesto término a una campaña terrorista, el negarle a la organización terrorista el apoyo de la comunidad más amplia a la cual representa. Y la única forma de lograrlo es escuchando y mitigando los resentimientos legítimos de la gente. Si acaso Osama Bin Laden estuvo detrás de los cuatro secuestros de aviones y de la subsecuente matanza, eso implica prestar atención a las preocupaciones de los árabes y de los musulmanes en general y de los palestinos en particular. No significa abandonar a Israel. Pero podría muy bien significar el cese de todo apoyo financiero y militar hasta que abandone los asentamientos de los territorios ocupados y cumpla con su obligación de regresar a las fronteras de 1967. También puede significar permitir que los países árabes tengan líderes que ellos mismos escojan, no dictadores designados e instalados por la CIA dispuestos a cooperar con las compañías petroleras occidentales.

 

Chester Gillings lo ha dicho muy bien: "¿Cómo contraatacamos a Bin Laden? La primera cosa que tenemos que determinar es qué cosa esperamos lograr, ¿seguridad o venganza? Ambas son mutuamente excluyentes; busquemos venganza y reduciremos nuestra seguridad. Si lo que buscamos es seguridad, entonces tenemos que empezar a contestar las preguntas difíciles: ¿Cuáles son los agravios de los palestinos y del mundo árabe respecto a Estados Unidos y cuál es nuestra verdadera culpabilidad en esos agravios? Donde encontremos legítima culpabilidad, debemos estar preparados para remediar el agravio donde sea posible. Donde no podamos encontrar culpabilidad o un remedio, debemos honestamente comunicar nuestras posiciones directamente a los árabes. En resumen, nuestro mejor curso de acción es abandonar nuestra posición de combatiente en las disputas de la región." El asesinar a Bin Laden ahora lo convertiría en mártir para siempre. Miles de personas aparecerían para tomar su lugar. En un año, enfrentaríamos otra ola de terrorismo, probablemente mucho peor aún que ésta.

 

La inmensa mayoría de los árabes y los musulmanes son personas buenas y pacíficas. Pero una buena cantidad de ellos, a causa de su desesperación, su enojo y su miedo, se ha vuelto primero hacia Arafat y ahora hacia Bin Laden para aliviar su miseria. Elimine la desesperación, déles alguna esperanza, y el apoyo al terrorismo se desvanecerá. En ese punto Bin Laden estará obligado a abandonar el terrorismo (como lo ha hecho Arafat) o ser tratado como un criminal común y corriente. De todas formas, él y su dinero dejan de constituir una amenaza. Podemos tener seguridad ... o podemos tener venganza. No podemos tener ambas.

 

 

* El doctor Robert M. Bowman, Teniente Coronel jubilado de la Fuerza Aérea estadounidense, dirigió todos los programas "Guerra de las Galaxias" bajo los Presidentes Ford y Carter y voló en 101 misiones de combate en Vietnam. Tiene un doctorado en Ingeniería Aeronáutica y Nuclear del Instituto Tecnológico de California (Caltech). Preside el Instituto de Estudios Espaciales y de Seguridad y es Arzobispo presidente de la Iglesia Católica Unida.

 

Este artículo fue publicado en "Space and Security News Home Page" en la dirección de internet: http://rmbowman.com/ssn/

Traducción: Grupo Reforma/Olivier Tafoiry

 

versión en alemán